La biomasa es una fuente de energía procedente de manera indirecta del sol y puede ser considerada una energía renovable siempre que se sigan unos parámetros medioambientales adecuados en su uso y explotación.
Para procesarla, hay que analizar algunas características a la hora de enjuiciar si el combustible obtenido puede considerarse una fuente renovable de energía. En general, el uso de biomasa o de sus derivados puede considerarse neutro en términos de emisiones netas si sólo se emplea en cantidades a lo sumo iguales a la producción neta de biomasa del ecosistema que se explota. Tal es el caso de los usos tradicionales (uso de los restos de poda como leña, cocinas de bosta, etc.) si no se supera la capacidad de carga del territorio.
Si la materia prima empleada procede de residuos, estos combustibles ayudan al reciclaje. Pero siempre hay que considerar si la producción de combustibles es el mejor uso posible para un residuo concreto. Si la materia prima empleada procede de cultivos, hay que considerar si éste es el mejor uso posible del suelo frente a otras alternativas (cultivos alimentarios, reforestación, etc). Esta consideración depende sobre manera de las circunstancias concretas de cada territorio.
Podemos encontrarnos con auténticas desventajas tales como que la incineración puede resultar peligrosa y producen sustancias toxicas. Por ello se deben utilizar filtros y realizar la combustión a temperaturas mayores a los 900 °C, no existen demasiados lugares idóneos para su aprovechamiento ventajoso o incluso que al subir los precios se financie la tala de bosques nativos pudiendo ser reemplazados por cultivos de productos con destino a los biocombustibles.
En algunos casos resultaría más ecológico que la superficie de cultivo dedicada a la biomasa fuese aprovechada para bosques y se siguiese usando petroleo antes que producir biocombustibles.
No obstante, la biomasa tiene un hueco importante como combustible en instalaciones de producción de calor. Su bajo coste comparado con el de los combustibles fósiles, permite que las instalaciones de calefacción con biomasa de cierta potencia sean rentables cuando son financiadas con periodos de retorno medios, de al menos diez años. Al precio actual de las calderas de biomasa, la competitividad de la biomasa está ligada a instalaciones de mediana y gran potencia, como bloques de edificios, centros deportivos o redes de calefacción distribuida.
En áreas rurales, donde la biomasa es producida localmente a partir de actividades agroforestales y donde no son habituales las grandes urbanizaciones, las redes centralizadas pueden proporcionar la rentabilidad buscada. Estamos seguros que la implantación de microrredes de calefacción distribuida en núcleos de población alejados de las grandes ciudades es la forma más eficiente de generación y distribución térmica.
MÁS DE 10 RAZONES PARA ELEGIR EL USO DE BIOMASA
1. la biomasa es considerablemente más económica que los combustibles fósiles.
2. ser un combustible ecológico con un ciclo de emisión de gases de efecto invernadero nulo.
3. las subidas del gas natural y del gasóleo (el año pasado el petróleo subió un 30%).
4. estamos contribuyendo al desarrollo sostenible del planeta.
5. estamos consumiendo energía generada en nuestra región.
6. la biomasa almacenada no presenta riesgo de explosión, no es volátil.
7. la biomasa es un combustible no tóxico e inocuo para la salud Y NO PRESENTA OLORES DESAGRADABLES.
8. las propiedades físicas del pellet permiten que se pueda manejar de forma parecida a un fluido, de forma que es totalmente automatizable tanto en su transporte, llenado de depósito como en su combustión y limpieza.
9. pago lo que consumo.
10. la libertad de poder elegir suministrador.
11. los combustibles fósiles son muy contaminantes.
12. con el consumo de combustibles fósiles estamos aumentando el efecto invernadero.
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